Crónica e Identidad Histórica

Historias Locales

Ebéjico: Crónica de un Pueblo donde los Carros Llegaron en Mulas y los Poetas Dictaban Cátedra en la Cantina.

Una mirada íntima al surrealismo y el temple de la "Patria Chica"

Si uno lee a los cronistas de antaño, podría pensar que Ebéjico fue fundado por decreto, con compás, escuadra y un manual de urbanismo español. ¡Falso! Ebéjico, esa "patria chica" incrustada en las montañas de Antioquia donde la ley de la gravedad parece ser solo una sugerencia, se forjó a puro pulso, a lomo de mula, con un toque de surrealismo y mucho, mucho café.

Los Abuelos Indígenas y el Arte "Para Adultos"

Vestigios Arqueológicos El Retiro

Alrededores místicos de la Vereda El Retiro y la Laguna.

Mucho antes de que los españoles llegaran con sus espadas y sus perros, estas tierras eran el reino de los Titiribíes. Y ojo, que estos indígenas no solo eran diestros agricultores y expertos en extraer sal con tubos de guadua; también eran unos incomprendidos artistas de la vanguardia.

Cuando los arqueólogos y guaqueros modernos empezaron a escarbar en la Vereda El Retiro, cerca a la mística Laguna, esperaban encontrar las típicas urnas funerarias. ¿Y qué hallaron? ¡Figuritas de barro cocido de hace 1.200 años representando el acto sexual, mujeres dando a luz y hasta una pieza con forma de OVNI! Al parecer, en el Ebéjico prehispánico la educación sexual y la ufología se enseñaban con material didáctico de arcilla. ¡Qué tal la imaginación de nuestros abuelos!

La Odisea del Primer Automóvil.

Arriería y Transporte Histórico

El padre Alfonso Arango Upegui, compra una camioneta siendo el primer vehículo que entra al parque, en este mismo año se termina la construcción de la carretera Ebéjico – Sevilla

Avancemos unos siglos. Ya somos municipio (fundado en 1833 básicamente porque a los pobladores les daba pereza caminar ocho horas hasta San Jerónimo para oír misa y comprar mercado). Estamos a mediados del siglo XX y la poderosa familia Arredondo decide que el pueblo necesita modernizarse. Compran el primer automóvil de la historia de Ebéjico.

Solo había un "pequeño" detalle: no había carretera. ¿La solución ebejicana? Desarmar el carro pieza por pieza, meterlo en talegos y subirlo a lomo de mula por los abismos de la montaña. El primer vehículo motorizado del municipio llegó como si fuera un mueble desarmado de IKEA, y fue reconstruido en la plaza ante la mirada atónita de los campesinos, quienes luego pagaban dos centavos para dar una vuelta a la manzana en la buseta. El progreso, amigos, en Ebéjico llegó sudando y rebuznando.

La Piscina "Come-Niños" y la Educación Espartana

Si hablamos de esfuerzo comunitario, ningún libro de texto supera la historia de la Piscina de la Escuela Urbana de Varones. En los años 50, el municipio quería una piscina, pero el presupuesto era tan escaso como el agua en verano. ¿La solución del rector? ¡Innovación pedagógica!

En las clases de educación física, los niños no hacían flexiones; hacían filas indias hasta la Quebrada Juan Ramos, cargaban piedras gigantes en los hombros y las subían por la loma. Con puro músculo infantil construyeron una piscina olímpica rural. El único "detalle" de ingeniería fue que la hicieron de 2.50 metros de profundidad. Los niños que no sabían nadar la miraban como si fuera la fosa de las Marianas. Fue el mejor atractivo del pueblo, aunque a más de una madre le dio un soponcio al ver a su hijo saltar al "abismo" municipal.

El Padre Builes: El "El Constructor" de la Fe

El Constructor De La Fé

El 12 de abril de 1538 se promulgó un decreto para que se construyera un oratorio en el lugar de las apariciones. El 10 de mayo de 1815, el papa Pío VII hizo la solemne coronación de la imagen que había sido despojada de su corona por unos invasores. Esta es la historia de la Virgen de las Misericordias y fue el Padre Ángel Builes quien orientó a los habitantes del municipio hacia esta devoción, devoción que permitió consagrar nuestro Templo a esta Dignidad..

En 1945 llegó al pueblo el Presbítero Ángel Builes Gómez, un hombre que parecía tener acciones en una cementera. Este cura no solo daba sermones; daba órdenes de obra. En 16 años fundó la Normal (donde se graduaron 699 maestras que alfabetizaron medio Antioquia), el Asilo de Ancianos, un barrio entero para los pobres y varias capillas rurales.

Cualquier otro pueblo lo habría convertido en chatarra. Pero en Ebéjico, Don Marcos Londoño agarró sus herramientas, fabricó las piezas que ya no existen en el mercado, y le dio cuerda de nuevo. El majestuoso mecanismo de bronce y engranajes traído en mulas desde Palmitas en 1937 marcó las horas de los ebejicanos durante décadas, hasta que en 2020 un vendaval lo arrancó de la torre. ¡El tiempo en Ebéjico no lo detiene ni un huracán!

Plagas, Ceibas Claveteadas y Huevos de Ferrari

La naturaleza también ha dado sus propios espectáculos tragicómicos. En Guayabal, entre 1910 y 1915, cayó una plaga de langostas tan densa que oscureció el sol. Los campesinos las barrían hacia zanjas profundas, pero las verdaderas ganadoras del banquete fueron las gallinas. Las aves comieron tanto saltamontes que empezaron a poner huevos con las yemas rojas, casi fosforescentes. ¡El pollo frito con arepa en Guayabal tenía estrella Michelin antes de que existiera Michelin!

Y qué decir de Sevilla y su amada Ceiba centenaria. El árbol era el orgullo ecológico del pueblo, hasta que la costumbre paisa de clavar avisos en los troncos la convirtió en el pino de los suplicios. Cuando los expertos de Corantioquia fueron a "curarla", le arrancaron ¡más de 1.500 clavos! de todos los tamaños. La pobre Ceiba tenía el corazón muerto de tanto soportar los letreros. En 2009 le aplicaron la eutanasia, y el pueblo le guardó un luto digno de un rey medieval.

La Bohemia: Poetas Ebrios y Galleros Descalzos

Pero si Ebéjico tiene alma, esta reside en su plaza y en sus cantinas. A altas horas de la noche, cuando el reloj de la parroquia daba las doce y la ciega Bartola tanteaba las paredes con su mantón negro, aparecía la figura mítica de Martín Sánchez, el poeta local. Sentado bajo un árbol de mango, con unas copas de más encima, declamaba versos que no rimaban ni con Dios, pero que destilaban la melancolía pura de las "ruinas" de su alma.

Y al amanecer, mientras el poeta se iba a dormir, los galleros ya estaban calentando motores. Hombres como Humberto Guerra, "Guerrita", bajaban de la vereda Fátima con su gallo bajo el poncho, después de hacerle un "Spa de belleza" (motilarlo dejándolo pelado del pecho para que se viera "más lindo y agresivo"). Y si el gallo perdía, Guerrita regresaba a su rancho cabizbajo, acompañado solo por las estrellas y el canto de los grillos, maldiciendo al juez y a las espuelas ajenas.

Epílogo: El Temple de una Tierra

Ebéjico no es solo un punto en el mapa de Occidente. Es el pueblo donde los arrieros caminaban descalzos con "candelillas" en los pies trayendo el progreso; donde los estudiantes cargaban piedras para nadar; donde los conductores le rezan a la Virgen de la Peña para no irse al barranco; y donde un poeta borracho le escribió el mejor poema a la soledad de la plaza.

Como bien lo cantó Orlando Pulgarín en su bambuco: "Ebéjico patria chica, tierra ardiente como el mar". Una tierra donde la historia no se escribe con tinta, sino con sudor, barro, panela y una inagotable capacidad para reírse de las adversidades y convertir cada tragedia en una anécdota de cantina. ¡Salud por Ebéjico, y que el reloj de la iglesia siga sonando por mil años más!